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El hijo de Pablo Escobar sube al escenario a hablar sobre los pecados de su padre


Dedica tiempo y energía para contar la historia de su vida familiar para combatir los estigmas impuestos por la industria del comercio, el mito y el melodrama
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21 de Marzo 2016
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A los 16 años, la cabeza de Sebastián Marroquín tenía un precio de cuatro millones de dólares. No se trataba de una lucha entre las autoridades y el delincuente, sino una cacería entre los enemigos del Estado y el hijo de Pablo Escobar, verdugo por excelencia del siglo XX en Colombia.

A Juan Pablo (nombre real de Sebastián) lo perseguía, por principio, el cártel de Cali, enemigo número uno del cártel de Medellín, que dirigía su padre. Pero lo acechaban no por sus crímenes (que para entonces y aún ahora son nulos), sino por el ADN del que era portador.

De aquella lucha por sobrevivir tras la muerte de su padre, Sebastián conserva una serie de anécdotas y aprendizajes que determinan su día a día; su cotidianidad en la cual se desenvuelve como arquitecto, diseñador y conferencista. De las tres, la última faceta mencionada es quizás la más nueva en su experiencia. Después de la ola de series televisivas, documentales y libros lanzados bajo pretexto de la vida delictiva de su padre, Sebastián, o Juan Pablo, decidió contar de último su propia versión de los hechos, una descripción que si bien partía del amor, de la figura paterna, intachable para él, del narcotraficante, no debilitaba los crímenes ni tragedias cometidas; en todo caso, las colocaba dentro de lo que él consideraba una perspectiva certera.

Pablo Escobar, una historia para no repetir, es la síntesis de su vida junto al contrabandista más importante de los últimos tiempos. En esta conferencia, Sebastián habla del Pablo que no dejó de ver ni por él ni por su madre ni por su hermana; el hombre que estuvo dispuesto a darle el mejor hospital o la mejor barbería de Colombia según dirigieran sus anhelos de realización. Ese Pablo también existió, tanto como el hombre que mandó a derribar el vuelo 203 de Avianca, el que sacrificó más de 100 vidas inocentes por cobrar la del candidato (César Gaviria) que obstaculizaba su ascenso al poder. Un “bandido” (como él se definía) que hizo de su casa un zoológico para alegría de los suyos y que también mandó volar el periódico de mayor lealtad a la verdad de su país. Ambos fueron realidad, el asesino y el padre, el que huía de la extradición por amor a su tierra, pero cuya permanencia simbolizaba la destrucción de la misma.

Juan Pablo Escobar nació el 4 de febrero de 1977 en Medellín. Tras la muerte de su padre, ocurrida el 2 de diciembre de 1993 en el barrio de América, Pablo, su madre (Victoria Eugenia Henao Vallejo) y hermana (Manuela) huyeron de Colombia en defensa de sus vidas. Tras las negativas de Estados Unidos y Alemania de recibirlos como refugiados, los sobrevivientes del narcotraficante fueron acogidos en Argentina, donde madre e hijos mudaron sus nombres y comenzaron una nueva historia, sostenidos en toda la normalidad que la memoria podía otorgarles.

La cita es el miércoles 6 de abril en el Teatro Diana a las 21:00 horas; el costo de los boletos va de los 250 a los 500 pesos.

AC /CP

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